Ese fin de semana decidió no volver
a su pueblo porque no estaba de muy buen humor para soportar al energúmeno de
su padre. Como Marcos era de bastante lejos solo se volvía a su casa una vez al
mes, de esta forma no estaría solo, aunque sabía que iba a su bola.
El viernes por la tarde nada más
levantarse de la cama tenía unas 5 llamadas de Marcos y como un millón de
mensajes diciéndole que estaba en la biblioteca y que llegaba a las 8, que le
quería vestido y apunto para salir.
Llego la hora y como siempre la alegría
de la casa había llegado, y es que siempre que llevaba de la biblioteca lo
hacía de mala leche, porque la tarde no había sido tan productiva como pensaba.
Se arreglaron y como siempre se
pusieron prácticamente igual, y como ya era costumbre hacían el chiste de epi y
blas. En primer lugar se fueron a un bar de cervezas para poder jugar a los
dardos y al futbolín.
Enseguida pidieron un par de
cervezas y empezaron con los dardos, una de las cosas que más tenían en común era
poder jugar juntos a este tipo de juegos, Como era de costumbre últimamente perdió
el así que le toco ir a pagar la otra ronda.
Estaba ya en la barra y se le
acerco una camarera muy guapa con la que se puso a hablar de una manera divertida,
cuando después de hablar un par de minutos le saco una sonrisa, noto que
alguien le abrazaba por detrás y cuando se giró se vio a Lucia.
En ese momento ella se abalanzo
encima de él, dejándole sin palabras, ella empezó a hablar como si tuvieran una
relación seria. En eso que apareció Marcos,
y se presentaron, dado que la noche anterior no se llegaron a ver.
No sabía exactamente que iba a
pasar durante la noche pero sabía perfectamente que no iba a ser nada bueno. Lo único que podía pensar era en el gran problema que le iba a ocasionar todo esto.
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